Navidad en familia: una oportunidad para reconectar y educar desde lo cotidiano

Navidad en familia: una oportunidad para reconectar y educar desde lo cotidianoLas vacaciones de Navidad son un alto en el camino. Para los niños que dejan el ritmo del colegio puede suponer un regalo, o un desajuste. Lo estructurado del día a día se diluye, no hay campanas que indiquen cuándo empiezan y acaban las actividades, ni profesores que les organicen las rutinas.

Este cambio puede generar alteraciones de sueño, irritabilidad o sensación de “descontrol” que algunos de nuestros hijos aún no saben verbalizar. Mantener horarios aproximados (no idénticos, pero sí reconocibles) puede darles continuidad y seguridad. Dicho de otro modo: dormir tarde, comer a deshora o pasar largos periodos ante pantallas puede parecernos inofensivo “unos días”, pero puede también impactar en su regulación emocional.

Crear pequeñas rutinas dentro de las vacaciones (momentos de juego, de lectura, de descanso, de actividades en familia… les da un marco que les sostiene. Estructurar no es ser rígido, es ayudar a nuestros hijos a saber qué esperar.

Las agendas pueden llenarse de visitas, comidas y compromisos. Aunque agradables, demasiadas de estas situaciones pueden resultar abrumadoras, los niños necesitan también tiempo para aburrirse, descansar y jugar libremente. El aburrimiento no es un enemigo, es creatividad. Darles espacios tranquilos sin estímulos constantes favorece su autonomía y su regulación emocional.

La Navidad como experiencia, no como escaparate de consumo

La Navidad puede transformarse en una lista infinita de compras, comparaciones y expectativas. Pero también puede ser una temporada de conexiones, y de poner el foco en lo que se vive y no en lo que se compra. Cocinar juntos, decorar la casa, hacer manualidades, incluso no hacer nada estando juntos, todas esas experiencias dejan más huella que cualquier objeto.

La navidad es también una buena ocasión para hablarles sobre empatía y solidaridad. No hacen falta grandes discursos ni gestos grandiosos, pueden aprender a través del ejemplo. Pueden donar un juguete, participar en una campaña local, visitar a alguien que se sienta solo o preparar un detalle para otra familia. Estas experiencias amplían su mirada, les enseñan que no todas las realidades son iguales y les explican que ellos pueden contribuir, por pequeños que sean.

Elegir regalos con intención: un acto educativo

Los regalos no son simplemente objetos, son mensajes. Al regalar transmitimos ideas sobre valores, deseos, límites y gratitud. Por eso, es interesante priorizar regalos que:

  • sean adecuados para su edad y etapa de desarrollo,
  • fomenten su creatividad, autonomía o movimiento,
  • tengan utilidad a largo plazo,
  • no refuercen conductas que no queramos promover

Evitar compras impulsivas enseña a nuestros hijos a esperar y a valorar. Necesitan aprender que no todo puede obtenerse de inmediato y que los vacíos emocionales no se llenan con regalos, sino con vínculos.

Es importante también ajustar las expectativas: demasiados regalos devalúan el significado de cada uno. A veces, un solo regalo bien pensado es mucho más nutritivo que una pila de objetos que rápido olvidan.

Alinear a la familia: educar es una tarea compartida

Las fiestas suelen reunir abuelos, tíos y otros familiares llenos de buenas intenciones. Pero, sin pautas claras, esas intenciones pueden transformarse en excesos. Cuando los padres ponen límites a la cantidad o tipo de regalos y otros adultos “compensan” esos límites, el niño recibe un mensaje confuso: “aquí hay normas y allí no”.

Consensuar de antemano es un acto de cuidado. No es prohibir, es orientar. Explicar el porqué de nuestros límites, sugerir alternativas, o incluso acordar un regalo común ayuda a mantener la coherencia. Esta coherencia entre adultos es uno de los pilares más importantes en la educación emocional de un niño: les da seguridad y reduce conflictos.

Un espacio para crear recuerdos

Las vacaciones de Navidad pueden ser más que un simple descanso del colegio, pueden ser esa pausa que estrecha lazos familiares, que les permite observar, escuchar y acompañar desde otro lugar.

Si logramos equilibrar descanso con rutinas, regalos con sentido, encuentros con calma y disfrutar con ser solidarios, estaremos ofreciéndoles un marco emocional seguro que podrán llevar consigo más allá de las vacaciones de Navidad.

 Programa Recurra-Ginso

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Ana Bennsar