Cada 14 de marzo se celebra el Día internacional de las altas capacidades con el objetivo de fomentar la inclusión y el apoyo en el desarrollo, además de sensibilizar sobre la importancia de un entorno educativo y social adaptado, evitando el fracaso escolar. El 14 de marzo no es un día escogido al azar. Es una fecha que reúne hitos importantes; el día de Pi y el nacimiento de Albert Einstein que son símbolos reconocidos en la ciencia.
Sin embargo, todavía hoy el concepto altas capacidades está rodeado de estereotipos, desinformación y muchas ideas erróneas. Cuando escuchamos ¨altas capacidades¨ solemos imaginar a un niño brillante, con notas excelentes, apasionado por las matemáticas y siempre motivado. Pero la realidad es bastante más compleja.
¿Qué son realmente las altas capacidades?
Las altas capacidades intelectuales (ACI) son una condición neurobiológica caracterizada por un funcionamiento intelectual significativamente superior a la norma, que se manifiesta en un pensamiento ágil, profundo y creativo. Las personas con ACI suelen aprender con rapidez, resolver problemas y tener una gran curiosidad. Asimismo, poseen alta sensibilidad emocional y una capacidad de análisis que les permite establecer conexiones complejas entre ideas, permitiéndoles realizar análisis avanzados para su edad.
Por otro lado, estas características también pueden representar un desafío. Su alta exigencia y perfeccionismo pueden generar frustración, ansiedad y baja autoestima si no se cuenta con el apoyo necesario.
¨Si es tan inteligente le irá bien solo¨.
Uno de los errores más frecuentes es asumir que no necesitan apoyo. Tener altas capacidades no los inmuniza frente a; frustración escolar, sensación de incomprensión, aislamiento social, perfeccionismo extremo y desmotivación. Al contrario, su manera de pensar y la intensidad emocional en la que viven produce dificultades al momento de relacionarse con otras personas, y como consecuencia suelen sentirse incomprendidos.
¿Cómo se puede brindar apoyo a personas con altas capacidades?
¨más que exigir, acompañar¨
Las personas con altas capacidades intelectuales requieren de necesidades a nivel escolar, laboral, social y emocional. Respecto al ámbito educativo, Implica una flexibilización curricular, en donde se pueda reforzar aquellas áreas en las que sientan más limitaciones. A nivel emocional, es crucial ayudar a gestionar las emociones, sobre todo la autoexigencia, el perfeccionismo, la sobreestimulación y las relaciones sociales, de igual modo, reforzar su identidad con sus metas y objetivos de vida. Por último, en el ámbito laboral, se necesitan oportunidades de empleo que les permita explotar su talento y creatividad, con entornos flexibles en donde se fomente su desarrollo profesional.
Algo que se observa con frecuencia es que las altas capacidades suelen detectarse por el rendimiento, pero pocas veces se comprenden a profundidad. Vemos notas. Vemos rapidez mental y vemos potencial. Pero no siempre vemos la presión silenciosa, la autoexigencia extrema y la sensación de no encajar. A veces, detrás del ¨niño brillante¨ hay un adolescente que duda de sí mismo. Detrás del niño que ¨puede con todo¨, hay alguien que no tiene permitido fallar. Y detrás del talento, existe una enorme vulnerabilidad.
Hablar de altas capacidades no es hablar de privilegio intelectual… es hablar de acompañamiento, de comprensión y de desarrollo emocional. Porque desarrollar el potencial no consiste en exigir más, sino en sostener mejor. Y cuando entendemos que la inteligencia también necesita cuidado emocional, dejamos de idealizar y empezamos a comprender.
Como dijo el psicólogo Howard Gardner: ¨No es lo inteligente que eres lo que importa, sino cómo eres inteligente¨. Y ahí está la clave. No en medir, comparar o presionar, sino en comprender la singularidad de cada uno.