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Adolescencia y TEA

La adolescencia es una etapa de cambios, nuevas amistades, búsqueda de identidad, presión social, cambios emocionales intensos y deseo constante de encajar. Para los adolescentes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), todos estos cambios pueden vivirse de una forma especialmente intensa. 

Hablar de TEA en la adolescencia es importante para fomentar la comprensión, reducir estigmas y crear espacios más inclusivos en institutos, grupos de amigos y redes sociales. 

¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista? 

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida. La denominación de “espectro” surge ya que no todas las personas lo viven de la misma manera, cada adolescente con TEA tiene características, fortalezas y necesidades propias. 

Esto puede implicar: 

  • Dificultades en la interacción social. 
  • Intereses intensos o específicos. 
  • Necesidad de rutinas. 
  • Sensibilidad sensorial. 

Es importante destacar, el TEA no define a la persona, sino es una parte de su forma de procesar el mundo. 

¿Cómo se vive el TEA en la adolescencia? 

Cambios sociales 

En la adolescencia, las relaciones se vuelven más complejas. Aparecen normas sociales implícitas y mayor presión por encajar. 

Un adolescente con TEA puede: 

  • Sentirse agotado tras encuentros sociales. 
  • Tener dificultades para interpretar ironías. 
  • Desear tener amigos, pero no saber cómo iniciar conversaciones. 

Es importante que los padres validen este deseo de pertenencia de su hijo, sin forzar situaciones que le generen ansiedad. El acompañamiento debe orientarse a ayudar a su hijo a encontrar su propio estilo social o de relacionarse, más que obligarle a ser como los demás. 

Emociones intensas y autoestima 

La adolescencia es una etapa que implica una búsqueda constante de identidad. Muchos adolescentes con TEA son conscientes de sus diferencias, lo que esto puede contribuir a su autoestima. 

Puede aparecer: 

  • Ansiedad social. 
  • Frustración. 
  • Sensación de incomprensión. 
  • Aislamiento. 

El papel de los padres debe orientarse a escuchar sin minimizar y ofrecer un espacio seguro donde el chico pueda expresar sus emociones. La validación emocional fortalece el vínculo y la seguridad interna. 

Autonomía y organización 

En esta etapa aumentan las responsabilidades académicas y personales. La planificación, los cambios inesperados o la sobrecarga sensorial pueden generar estrés. 

Los padres deben encontrar un equilibrio entre la protección y la autonomía. Facilitar apoyos en organización, anticipar los cambios y establecer rutinas claras puede ayudar a reducir la ansiedad, pero también es importante fomentar pequeñas decisiones y responsabilidades acordes a su madurez. 

Fortalezas del adolescente con TEA 

  • Gran capacidad de concentración en temas de interés. 
  • Honestidad y coherencia. 
  • Pensamiento lógico y detallista. 
  • Creatividad. 
  • Profundidad en sus reflexiones. 

Es importante reforzar estas fortalezas ya que esto ayuda a construir una identidad positiva. No se trata solo de intervenir en lo que cuesta, sino también en potenciar en lo que destaca. 

Papel de la familia en la adolescencia 

En la adolescencia pueden reactivarse preocupaciones en los padres, el futuro, la independencia, las relaciones, la inserción laboral… Es normal sentir miedo o incertidumbre. 

Algunas claves: 

  • Mantener comunicación abierta. 
  • Favorecer espacios de diálogo sin juicio. 
  • Buscar apoyo profesional si aparece ansiedad o depresión. 
  • Conectar con otras familias para compartir experiencias. 
  • Cuidar también el propio bienestar emocional. 

El adolescente necesita una base segura desde la que explorar el mundo. La familia sigue siendo ese pilar, aunque ahora lo haga desde una posición diferente. 

Conclusión 

La adolescencia en el TEA no es una etapa imposible, sino una etapa que requiere de comprensión, paciencia y adaptación. No se trata de cambiar al adolescente, sino de ajustar el entorno para que pueda desarrollarse con confianza. 

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Paula Álvarez Montero

Graduada en Psicología en la Universidad Antonio de Nebrija. Estudiante del doble máster en Psicología General Sanitaria y Psicología Forense y realizando las prácticas en la Clínica Ambulatoria RECURRA-GINSO.

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