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Más tiempo libre, más pantallas: cómo establecer límites saludables durante el verano

Con la llegada del verano desaparecen los horarios escolares, aumentan los ratos libres y las rutinas cambian por completo. Para muchas familias, esto viene acompañado de una preocupación frecuente: el aumento del tiempo que niños y adolescentes pasan frente al móvil, la consola, la tablet o las redes sociales.

Es una situación habitual. Durante las vacaciones hay más tiempo libre, menos obligaciones y, en muchos casos, menos oportunidades de mantener el ritmo de actividades del resto del año. Las pantallas se convierten entonces en una fuente de entretenimiento, conexión y ocio fácilmente accesible. Sin embargo, cuando ocupan demasiado espacio, pueden acabar desplazando otras actividades fundamentales para el bienestar físico y emocional.

Más allá del número de horas, es importante fijarse en cómo afectan las pantallas a otras áreas de la vida. El descanso, la actividad física, las relaciones sociales presenciales, el tiempo en familia o incluso los momentos de aburrimiento siguen siendo necesarios durante la infancia y la adolescencia. Cuando el uso de dispositivos interfiere en estas actividades, conviene revisar los hábitos digitales.

La adolescencia merece una mención especial. En esta etapa, las pantallas no son solo una herramienta de ocio, sino también una forma de relacionarse con iguales y sentirse parte del grupo. Por ello, el objetivo no debe ser eliminarlas, sino enseñar a utilizarlas de forma equilibrada y responsable.

Muchos padres y madres se preguntan cuánto tiempo de pantalla es demasiado. Aunque no existe una cifra universal, algunas preguntas pueden servir de guía: ¿duerme las horas necesarias?, ¿mantiene interés por otras actividades?, ¿puede desconectarse sin enfadarse de forma desproporcionada?, ¿sigue relacionándose con amigos y familiares fuera de las pantallas? A menudo, estas respuestas ofrecen más información que el simple recuento de horas.

Es recomendable evitar tanto la permisividad total como las normas excesivamente rígidas

A la hora de establecer límites, es recomendable evitar tanto la permisividad total como las normas excesivamente rígidas. Los límites funcionan mejor cuando son claros, coherentes y se explican desde el cuidado. Algunas pautas útiles son:

  • Mantener horarios relativamente estables para levantarse y acostarse.
  • Evitar el uso de pantallas durante las comidas.
  • Limitar los dispositivos al menos una hora antes de dormir.
  • Fomentar actividades alternativas como deporte, lectura, juegos o tiempo al aire libre.
  • Involucrar a niños y adolescentes en la elaboración de las normas, adaptándolas a su edad.

También es importante recordar que el aburrimiento no siempre es algo negativo. Aprender a tolerar momentos de inactividad favorece la creatividad, la autonomía y la búsqueda de nuevas formas de entretenimiento. No es necesario llenar cada momento libre con una pantalla.

Por último, no podemos olvidar el papel del ejemplo adulto. Los niños y adolescentes observan cómo nos relacionamos con la tecnología, por lo que revisar nuestros propios hábitos digitales puede ser una de las herramientas más eficaces para educar en un uso saludable.

El verano no tiene por qué convertirse en una batalla constante en torno a las pantallas. Puede ser una oportunidad para ayudar a niños y adolescentes a desarrollar una relación más equilibrada con la tecnología, combinando el ocio digital con otras experiencias igual de importantes para su bienestar y desarrollo.

 Programa Recurra-Ginso

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Alejandra Martín Gómez

Psicóloga en la Clínica Ambulatoria RECURRA-GINSO. Graduada en Psicología y Criminología por la Universidad Pontificia Comillas. Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Pontificia Comillas. Máster Propio en Terapia Familiar Sistémica por la Universidad Pontificia Comillas.

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