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Cuando las rutinas desaparecen: cómo ayudar a niños y adolescentes a adaptarse al verano

Para muchos niños y adolescentes, el verano es sinónimo de descanso, diversión y tiempo libre. Sin embargo, el fin del curso escolar también supone un cambio importante en las rutinas, los horarios y las responsabilidades. Aunque estos cambios suelen vivirse con ilusión, no todos los menores se adaptan con la misma facilidad. Algunos pueden mostrarse más irritables, desmotivados, aburridos o incluso ansiosos durante las vacaciones.

Las rutinas proporcionan seguridad y previsibilidad. Saber qué ocurre a lo largo del día ayuda a organizarse y reduce la incertidumbre. Durante el curso escolar, los horarios de sueño, las comidas, las clases y las actividades extraescolares crean una estructura que favorece el bienestar emocional. Cuando llega el verano, esa organización desaparece de forma repentina y algunos niños pueden sentirse desorientados.

Es habitual que aparezcan dificultades como cambios en el sueño, aumento del uso de pantallas, conflictos familiares por la falta de normas o sensación constante de aburrimiento. En los adolescentes, además, puede surgir una mayor alteración de los horarios, aislamiento social o una dependencia excesiva del teléfono móvil como forma de entretenimiento.

Esto no significa que el verano deba estar completamente planificado. De hecho, disponer de tiempo libre es fundamental para el desarrollo. El aburrimiento, en pequeñas dosis, favorece la creatividad, la resolución de problemas y la autonomía. El objetivo no es llenar cada minuto de actividades, sino encontrar un equilibrio entre estructura y flexibilidad.

Algunas estrategias pueden facilitar esta adaptación:

  • Mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse, sin grandes diferencias respecto al curso.
  • Conservar algunas rutinas diarias, como las comidas en familia o un momento de lectura antes de dormir.
  • Planificar conjuntamente algunas actividades semanales, permitiendo que el niño o adolescente participe en las decisiones.
  • Fomentar el juego libre y el tiempo al aire libre.
  • Establecer límites claros respecto al uso de dispositivos electrónicos.

También es importante ajustar las expectativas. No todos los días serán emocionantes ni todas las vacaciones estarán llenas de planes especiales.

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Alexandra López Barrondo

Graduada en Psicología por la Universidad Europea de Madrid. Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Europea de Madrid.

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