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¿Por qué aburrirse en verano puede ayudar a nuestros hijos a crecer?

Cuando llegan las vacaciones de verano, muchos padres y madres se enfrentan a una preocupación frecuente: Cómo mantener entretenidos a sus hijos durante tantas horas libres. En ocasiones, parece que existe una presión constante por llenar cada momento del día. Así surgen los campamentos, actividades, excursiones, juegos, pantallas, etc.

Cuando un niño dice “me aburro”, muchos adultos lo interpretan como una señal de que algo no va bien o de que deben intervenir inmediatamente para solucionar la situación. Sin darnos cuenta, asumimos la responsabilidad de proporcionar constante estímulos y entretenimiento.

Esta tendencia se ha intensificado en una sociedad donde la inmediatez y la estimulación continua están muy presentes. Lo vemos en nuestros hijos, pero también en nosotros como adultos. Nos hemos acostumbrado a tener una respuesta rápida para casi cualquier momento de espera o inactividad: consultamos el teléfono mientras hacemos una cola, revisamos las redes sociales en los trayectos o ponemos música para llenar los silencios.

Estar ocupado todo el tiempo no siempre favorece el bienestar ni el aprendizaje

Sin embargo, estar ocupado todo el tiempo no siempre favorece el bienestar ni el aprendizaje. El aburrimiento genera un espacio mental que invita a buscar alternativas. Cuando no hay una actividad programada o una pantalla disponible de forma inmediata, los niños empiezan a explorar sus propios recursos: inventan juegos, crean historias, construyen, dibujan o encuentran nuevas formas de divertirse.  De hecho, es precisamente en esos momentos cuando puede surgir la imaginación, la curiosidad y la iniciativa personal: herramientas importantes para el desarrollo evolutivo humano.

Lejos de ser una pérdida de tiempo, el aburrimiento puede convertirse en el punto de partida de descubrir intereses, desarrollar habilidades y fortalecer la capacidad de entretenerse de manera autónoma. Cuando un niño no dispone de una actividad estructura o de un estímulo inmediato que apte su atención, se ve obligado a poner en marcha sus propios recursos. En ese proceso comienza a preguntarse qué le apetece hacer, qué le interesa o qué podría inventar para ocupar su tiempo. Es así como muchos niños descubren aficiones, desarrollan nuevas formas de juego o exploran actividades que quizá no habrían surgido si cada momento estuviera previamente planificado. Durante este tiempo, se desarrollan habilidades como la iniciativa, creatividad, toma de decisiones y la resolución de problemas. Por ejemplo, cuando un niño decide construir algo con materiales que encuentra en casa, inventar una historia o crear sus propias reglas para un juego, está ejercitando capacidades cognitivas y emocionales que serán útiles en muchos ámbitos de su vida.

El aburrimiento también contribuye al desarrollo de la autonomía

El aburrimiento también contribuye al desarrollo de la autonomía. A medida que los niños aprenden a gestionar esos momentos sin depender constantemente de la intervención de un adulto, adquieren confianza en su capacidad para generar ideas, organizar su tiempo y encontrar soluciones por sí mismos. Este aprendizaje les ayuda a desarrollar una mayor sensación de competencia personal y a comprender que no necesitan recibir entretenimiento de manera constante para sentirse bien.

En una sociedad donde la estimulación es cada vez más inmediata y permanente, aprender a convivir con los momentos de vacío y a transformarlos en oportunidades de exploración constituye una habilidad especialmente valiosa. Por ello, permitir que los niños experimenten cierto grado de aburrimiento no significa dejarlos sin atención, sino ofrecerles el espacio necesario para desarrollar recursos propios y crecer de forma más independiente.

Cuando un hijo expresa que se aburre, muchas veces basta con acompañar la emoción y animarle a pensar en posibles alternativas

De esta manera, cuando un hijo expresa que se aburre, muchas veces basta con acompañar la emoción y animarle a pensar en posibles alternativas. Podemos decir cosas como: “entiendo que te estés aburriendo, ¿qué se te ocurre que podrías hacer?” o “Confío en que encontrarás algo que te guste hacer”. También es útil dispones de materiales accesibles como libros, material de dibujo, juegos de construcción o distintos elementos para el juego simbólico, sin dirigir constantemente cómo deben utilizarlos.

En definitiva, quizá uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a nuestros hijos este verano no sea una agenda repleta de actividades, sino tiempo y espacio para descubrir qué hacer con él. Aunque como adultos pueda resultarnos incómodo verlos aburridos, esos momentos pueden convertirse en oportunidades valiosas para que desarrollen creatividad, autonomía y confianza en sus propias capacidades. La próxima vez que aparezca el temido “me aburro”, tal vez no sea necesario buscar una solución inmediata, sino sostener la incomodidad y animarle a descubrir qué nueva idea, juego o aprendizaje se esconde detrás de ese aburrimiento.

 Programa Recurra-Ginso

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Marta Dominguez

Graduada en Psicología Bilingüe por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Psicología General Sanitaria y Máster Propio en Terapia Familiar Sistémica en la Universidad Pontificia de Comillas. Experto Universitario en Intervención en Trauma: EMDR. He trabajado con población adulta e infanto-juvenil desde 2019. Supervisión y tutora de alumnos en prácticas cursando grado o máster habilitante de psicología. Actualmente trabajo como psicóloga clínica en RECURRA GINSO, atendiendo a familias en conflicto con sus hijos.

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