Después de las vacaciones, la vuelta a la rutina suele traer consigo un cambio importante en los adolescentes. Vuelven los horarios, los deberes, los exámenes y las actividades extraescolares, y puede resultar difícil recuperar de un día para otro unos hábitos que durante el verano han sido mucho más flexibles. Sin embargo, establecer una rutina saludable no significa tener un horario perfecto ni cumplir cada día con una lista interminable de obligaciones. Se trata de encontrar un equilibrio que favorezca el bienestar físico, emocional y social.
Uno de los hábitos más importantes durante la adolescencia es el descanso. El sueño tiene un papel fundamental en la concentración, la memoria y la regulación emocional. Dormir poco puede hacer que resulte más difícil mantener la atención en clase, gestionar el estrés o enfrentarse a los cambios de humor propios de esta etapa. Por ello, durante las primeras semanas de curso puede ser útil ir recuperando progresivamente horarios más regulares, evitando pasar de acostarse muy tarde durante las vacaciones a intentar dormir temprano de un día para otro.
El uso del móvil también influye en la calidad del descanso. Para muchos adolescentes, el teléfono es una herramienta fundamental para relacionarse con sus amigos, entretenerse e informarse. El objetivo no tiene por qué ser eliminar la tecnología, sino aprender a utilizarla de una forma que no interfiera constantemente con el sueño, los estudios o las relaciones presenciales.
Otro hábito fundamental es tener una alimentación suficiente y variada. Durante la adolescencia se producen también importantes cambios físicos y psicológicos, por lo que la alimentación debe entenderse como una forma de proporcionar al cuerpo la energía y los nutrientes que necesita, y no como una herramienta para controlar constantemente el peso o la apariencia. Saltarse comidas, recurrir solo a alimentos rápidos o seguir dietas restrictivas puede afectar tanto a la energía como al estado de ánimo.
El movimiento y la actividad física también tienen un efecto positivo sobre el bienestar psicológico. No todos los adolescentes disfrutan del deporte competitivo, y eso no significa que no puedan encontrar una actividad que les resulte agradable. Caminar, bailar, ir al gimnasio, montar en bicicleta o practicar cualquier actividad que les permita moverse puede contribuir a liberar tensión y mejorar el estado de ánimo. Lo importante es encontrar una forma de actividad física que pueda mantenerse en el tiempo y no convertirla en una obligación asociada al castigo o a la apariencia física.
Por otro lado, la vuelta al instituto suele venir acompañada de una mayor carga académica. Organizar el tiempo ayudará a evitar que los deberes y los exámenes se acumulen hasta generar una sensación constante de agobio. Una buena estrategia consiste en dividir las tareas grandes en objetivos más pequeños y realistas. No es necesario estudiar durante horas para ser productivo, sino que muchas veces resulta más útil dedicar un tiempo concreto a una tarea, hacer descansos y evitar intentar realizar varias cosas al mismo tiempo.
Sin embargo, y muy importante, una rutina saludable no debería estar formada únicamente por obligaciones.
También necesitan tiempo para descansar, relacionarse y realizar actividades que disfruten. La presión por ser constantemente productivos puede provocar que incluso el tiempo libre genere culpa. Descansar no es perder el tiempo: es una parte necesaria para mantener el equilibrio y recuperar energía.
Por último, es importante cuidar las relaciones sociales. En esta etapa los amigos tienen un papel especialmente importante, y volver al instituto supone reencontrarse con un entorno social que puede generar ilusión, pero también inseguridad. Mantener relaciones saludables implica poder compartir tiempo con otras personas, pero también sentirse respetado, escuchado y aceptado.
La vuelta a la rutina no tiene por qué ser un momento de exigirse cambiarlo todo. A veces, intentar incorporar demasiados hábitos a la vez acaba generando frustración y abandono. Puede ser más útil empezar poco a poco. Los pequeños cambios sostenidos en el tiempo suelen ser más importantes que buscar una rutina perfecta.