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Vuelta al cole: cómo detectar posibles situaciones de bullying en adolescentes

La vuelta al cole no solo supone recuperar las clases, los horarios y las rutinas. Para muchos adolescentes, también significa volver a un entorno social complejo en el que pueden aparecer conflictos, dificultades de integración o, en algunos casos, situaciones de acoso escolar. Por este motivo, es importante que familias, docentes y otros adultos de referencia estén atentos a determinadas señales que pueden indicar que un adolescente está sufriendo bullying.

El acoso escolar no debe confundirse con un conflicto puntual entre compañeros. Las discusiones, los desacuerdos o incluso algunas peleas pueden formar parte de las relaciones sociales durante la adolescencia. Sin embargo, hablamos de bullying cuando existe una conducta de agresión o intimidación que se mantiene en el tiempo, se produce de forma repetida y existe una situación de desequilibrio de poder que dificulta que la víctima pueda defenderse.

Uno de los primeros cambios que pueden observarse es la aparición de dificultades relacionadas con la asistencia al colegio. Un adolescente que antes acudía con normalidad al instituto puede comenzar a poner excusas frecuentes para faltar, irse antes de tiempo o evitar determinadas actividades. También puede quejarse de dolores de cabeza, molestias estomacales u otros síntomas físicos, especialmente antes de ir a clase. Aunque estos síntomas no significan necesariamente que exista una situación de acoso, es importante prestar atención cuando aparecen de manera recurrente.

También pueden producirse cambios emocionales y conductuales. Algunos adolescentes se muestran más irritables, tristes o ansiosos, mientras que otros pueden aislarse y mostrarse especialmente reservados. Es posible que pasen más tiempo encerrados en su habitación, que dejen de hablar de su día a día o que respondan con frases como “nada” o “todo bien” cuando se les pregunta por el instituto.

Otro aspecto al que conviene prestar atención son los cambios en las relaciones sociales. Por ejemplo, un adolescente puede dejar de quedar con determinados compañeros, perder amistades de forma repentina o comenzar a sentirse solo durante los recreos y otras actividades. También pueden aparecer señales relacionadas con el uso de la tecnología. Si de repente evita mirar el móvil delante de otras personas, se muestra muy nervioso después de recibir mensajes o parece angustiado por lo que ocurre en redes sociales, conviene interesarse por la situación. El ciberbullying puede producirse a cualquier hora y hacer que la víctima tenga la sensación de que no existe un espacio seguro en el que pueda desconectar.


Interrogarle constantemente o presionarle para que cuente lo que ocurre puede provocar que se cierre todavía más.

Además, es fundamental saber cómo hablar con un adolescente si sospechamos que puede estar sufriendo acoso. Interrogarle constantemente o presionarle para que cuente lo que ocurre puede provocar que se cierre todavía más. Es preferible buscar un momento tranquilo y transmitirle que estamos disponibles para escucharle sin juzgar. Preguntas como “¿cómo te estás sintiendo últimamente en clase?” o “he notado que últimamente no tienes muchas ganas de ir al instituto, ¿hay algo que te preocupe?” pueden facilitar que la conversación surja de una manera más natural.

Si finfalmente cuenta que está sufriendo bullying, es importante creerle y evitar minimizar lo que está viviendo. Frases como “seguro que no es para tanto”, “tienes que aprender a defenderte” o “ignóralos y ya está” pueden aumentar su sensación de soledad. Tampoco es recomendable actuar impulsivamente sin contar con él, ya que puede sentir que pierde el control sobre una situación que ya le hace sentirse vulnerable. Lo más adecuado es transmitirle apoyo y buscar, junto con él, la forma de actuar y de comunicar la situación al centro educativo.

Durante la vuelta al cole, dedicar tiempo a hablar sobre cómo está siendo la adaptación y mantener una comunicación abierta puede ayudar a identificar dificultades antes de que se agraven. No se trata de vigilar cada comportamiento, sino de crear un espacio en el que los adolescentes sepan que pueden pedir ayuda sin miedo a ser juzgados.

 Programa Recurra-Ginso

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Alexandra López Barrondo

Graduada en Psicología por la Universidad Europea de Madrid. Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Europea de Madrid.

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