En estos últimos años he visto cómo las apuestas —especialmente las online— se han convertido en una preocupación creciente para muchas familias que atendemos en la Clínica Recurra. A menudo llegan a consulta padres y madres sorprendidos, incluso desbordados, al descubrir que su hijo o hija ha empezado a apostar sin que ellos fueran conocedores. Para entender por qué ocurre, es fundamental entender el cerebro adolescente y la etapa vital en la que se encuentran.
¿Qué supone para un cerebro adolescente el hecho de apostar?
Desde la Psicología y la Neurociencia sabemos que la adolescencia es una etapa de enorme transformación donde la toma de decisiones, emociones y búsqueda de sensaciones funcionan de manera distinta a las de un adulto.
Los jóvenes se convierten en un “blanco fácil” para las apuestas online. Todavía en esta etapa, se encuentran madurando y desarrollándose las áreas encargadas del control, planificación y la toma de decisiones de forma racional, por ello, es frecuente que los adolescentes busquen experiencias intensas, se sientan atraídos por recompensas de forma inmediata, subestimen riesgos o tomen decisiones de manera impulsiva.
Las apuestas encajan fácilmente en ese patrón: son rápidas, accesibles, llenas de estímulos y con la promesa de una recompensa inmediata. Además, su presencia en redes sociales, influencers y deportistas que las promocionan contribuyen a normalizarlas.
La industria del juego activa de forma muy intensa el circuito de la dopamina, el mismo que también interviene en otras conductas adictivas. Cada vez que un adolescente gana o está cerca de hacerlo, se libera dopamina y adrenalina inmediatamente, reforzándose la conducta y aumentando el deseo de repetirla.
Si además a ello le sumamos que muchos juegan con dinero que no es suyo, la sensación de límite se desdibuja casi completamente.
Desde luego no todos los adolescentes que apuestan desarrollan un trastorno, pero la adolescencia es una etapa en la que el cerebro es especialmente vulnerable a conductas de riesgo. Por eso, aunque no siempre derive en un problema, sí supone un riesgo elevado que conviene prevenir y estar atentos a cambios conductuales y emocionales.
Es importante prevenir, poner foco en la detección y saber acompañar y advertir de riesgos.
Podemos encontrar distintos perfiles:
- Quienes prueban una vez por influencia del entorno y no repiten
- Quienes se autolimitan y mantienen el control
- Quienes sienten curiosidad y lo viven como algo pasajero
- Y quienes comienzan a perder el control y desarrollan un patrón problemático
Señales de alarma: ¿cómo saber si un adolescente tiene un problema con las apuestas y el juego?
Son numerosas las señales que pueden observarse tanto a nivel conductual, emocional, académico y/o social.
- Generalmente pasan más tiempo del habitual dedicado al juego y apuestas, incluso dejando de realizar otras actividades y hobbies que antes le gustaba realizar.
- Mentiras o evasivas a su entorno más cercano sobre lo que gasta o lo que realiza con el móvil.
- Algunos llegan a endeudarse o piden dinero sin justificar. También es frecuente que desaparezcan ciertas cantidades de dinero en el hogar.
- El rendimiento académico suele verse afectado, ya que su atención y motivación está puesta en el juego.
- Cambios en las rutinas del sueño, higiene o alimentación.
- Conflictos familiares, pérdida de confianza.
- Signos de ansiedad, nerviosismo y frustración cuando pierden.
- Cambio del grupo de amistades hacia grupos que también apuestan.
- Pensamientos recurrentes sobre apostar o “cómo ganar”.
- Minimización de riesgos o negación del problema.
¿Cuál es el abordaje terapéutico en un menor con problemas con las apuestas?
Cuando aparecen las primeras señales de alarma, los profesionales podemos ayudar a que el problema no avance y escale rápidamente.
El abordaje es multidimensional, ya que no sólo se trabaja en reducir o extinguir la conducta del juego, sino también las emociones implicadas, el entorno familiar y social, el impacto que está teniendo en la vida del menor, autoestima, la impulsividad…
En Recurra GINSO, también creemos que es esencial trabajar con la familia ya que pueden acompañarles sin culpabilizar, establecer límites claros, mejorar la comunicación, supervisar horarios y el uso de dispositivos.
Importante prevenir posibles recaídas, favorecer hábitos saludables y coordinar con otros recursos como la escuela.