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El TDAH: mucho más allá de la hiperactividad y la atención

El pasado 27 de octubre se celebró el Día Mundial del TDAH, por lo que es una buena ocasión para hablar de lo que muchas veces queda fuera de la conversación y no es tenido en cuenta.

«Es que no te esfuerzas», «es un despistado», «solo quiere llamar la atención». Muchos adolescentes con TDAH escuchan frases así a diario, cuando en realidad detrás hay dificultades que no se ven a simple vista.

Cuando pensamos en TDAH, a todos se nos viene la misma imagen a la cabeza: solemos imaginarlo como un niño que no para quieto o que se distrae con todo, pero esa imagen recoge solo una pequeña parte de lo que viven quienes lo tienen.

El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es una condición del neurodesarrollo que influye en cómo el cerebro regula la atención, los impulsos y el nivel de actividad. Sin embargo, sus efectos van mucho más allá de esos tres aspectos. Es frecuente que estos niños sufran dificultades para organizarse, planificar, empezar una tarea o mantener un esfuerzo, y también para regular emociones. Muchas veces, la frustración aparece con rapidez, la ilusión se vive con intensidad y es difícil recuperar la calma. Por eso, el TDAH no se nota solo en el aula, sino también en casa y con los amigos.

El TDAH no se manifiesta igual en todas las personas. En algunas predominan las dificultades de atención: suelen ser tranquilas, estar «en las nubes». Al no molestar, suelen pasar desapercibidas y son más difíciles de detectar. En otras destacan la inquietud y la impulsividad, con movimiento constante, interrupciones o reacciones precipitadas, algo que llama mucho más la atención y se detecta antes. Conviene recordar que una persona con TDAH puede no ser inquieta y que ser una persona inquieta no implica necesariamente tener TDAH. Solo un profesional puede valorar si existe o no esta condición.

Uno de los ámbitos de mayor dificultad para los adolescentes son las relaciones sociales. Hacer amigos y mantenerlos exige habilidades que damos por sentadas: esperar el turno de palabra, escuchar con atención y recordar lo que nos cuentan. Sin embargo, un adolescente con TDAH puede interrumpir sin querer, parecer que no escucha, olvidar un plan o reaccionar con más intensidad de la que la situación pide. Todos estos aspectos pueden ser interpretados por el otro como desinterés o descuido, cuando en realidad no es así.

Con el tiempo, estas experiencias se acumulan y muchos adolescentes cuentan que se sienten rechazados, que les cuesta consolidar un grupo de amigos o que no terminan de encajar. Esta acumulación se relaciona con ansiedad, un bajo estado de ánimo y dificultades en las habilidades sociales.


Detrás de cada adolescente con TDAH hay una persona con mucho que aportar, y a veces solo necesita alguien que crea en ella el tiempo suficiente para que ella también aprenda a hacerlo

Uno de los campos más afectados es el rendimiento académico. El instituto exige una atención sostenida, orden y constancia, lo que lo convierte en un escenario complicado para ellos. El impacto en el rendimiento académico no solo se limita a las notas. Escuchar una y otra vez mensajes como «eres un vago» o «si te esforzaras más» genera dificultades de autoestima y motivación, por lo que algunos adolescentes acaban creyéndose incapaces y dejan de intentarlo. Ajustes sencillos pueden marcar la diferencia: dividir las tareas en pequeños pasos, dar instrucciones claras, usar agendas y recordatorios continuos, permitir pausas o más tiempo en los exámenes, al igual que reconocer el esfuerzo mucho más allá del resultado.

Las familias también pueden marcar una gran diferencia desde casa con algunos ajustes como, por ejemplo, establecer una rutina clara y predecible: horarios fijos para estudiar, descansar y dormir, y un calendario o agenda visible. Otro ejemplo —y con el que hay que tener mucho cuidado— es cómo se habla en casa: señalar lo que sale bien antes que lo que falla, corregir sin reproches ni comparaciones y recordar que muchas conductas surgen de la dificultad y no de la falta de ganas. Un entorno en el que el adolescente se siente comprendido es la mejor base para que crea y confíe en sí mismo.

Por último, es fundamental recordar que el TDAH no es una falta de voluntad, de educación ni de inteligencia. Es una manera diferente de funcionar que, con comprensión y apoyos adecuados, permite desarrollar muchas capacidades.

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Cristina Patricia Argueso Gutierrez

Licenciada en Psicología, por la Universidad Complutense de Madrid. Master Universitario en Clínica e Intervención en trauma, Universidad San Jorge. Experto en Criminología y Delincuencia Juvenil, Inteligencia emocional, S.L- Experto Universitario en Psicopatología y Psiquiatría, Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y Universidad San Jorge. Experto en Psicoterapia Breve con Niños y Adolescentes, Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y Universidad San Jorge. Experto en Evaluación y Psicodiágnostico, Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y Universidad San Jorge. Actualmente psicóloga del Programa Recurra-Ginso, con anterioridad desde 2007 psicóloga en el centro de menores Teresa de Calcuta.

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