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El apoyo del Mindfulness a la labor parental

Ser padres es una de las tareas más intensas de la vida y, además, incluye sensaciones opuestas que suelen darse en un mismo día o que pueden darse a la vez: es satisfactoria y frustrante, es motor y es cansancio, es tremendamente activadora y también ofrece momentos de calma; se sufre y se disfruta, es muy cambiante y, sin lugar a dudas, desafiante.

En este contexto el Mindfulness nos puede aportar mucho. Gracias a la mirada que proporciona, podemos ir adaptándonos a los cambios que inevitablemente suceden a medida que los hijos crecen, y disfrutar de su crianza, educación y cuidados.

Explicación general del Mindfulness

Antes de compartir algunas claves concretas que pueden aplicarse a la maternidad y paternidad, vamos a explicarlo brevemente puesto que a veces conocemos las palabras, pero no su significado auténtico. Para ello me basaré en mi formación teórico-práctica sobre esta disciplina.

Mindfulness es el término inglés para referirse a la Atención Plena, algo tan simple pero que practicamos muy poco en el día a día. De hecho, solemos obrar al contrario: hacer tareas en automático mientras pensamos en otros asuntos, realizar varias cosas a la vez o desconectarnos de nuestras sensaciones y necesidades corporales. ¿Os suena alguna?

Una clave esencial: darnos cuenta

Lo grave no es que esto nos ocurra (vivimos en una época en que se premia la rapidez, lo instantáneo y la multitarea) sino que lo normalicemos, cuando la baza que tenemos es darnos cuenta. En el momento en que identifiquemos que estamos en piloto automático, podemos cambiarlo. Para ello vamos a poner un ejemplo cotidiano: nuestro hijo nos está hablando y seguimos mirando algo en el móvil. Esta situación, sobre todo cuando es recurrente, interfiere en nuestro vínculo paternofilial y podemos revertirla prestando atención plena a una de las dos actividades (preferiblemente la de escuchar a nuestros hijos). Si tenemos que terminar la gestión con el móvil, se lo comunicamos explicándole que necesitamos que espere un tiempo para que podamos atenderle como se merece. Así vamos a poder escuchar a nuestros hijos y prestarles toda nuestra atención, provocando una mayor conexión entre ambos.

Segundo paso: poner en práctica

Sin embargo, la mera lectura de este artículo no funciona, las propuestas que vas a encontrar en él sólo dan resultados si se ponen en práctica. La buena noticia es que no se requiere un tiempo añadido ya que la Atención Plena se va incorporando en el día a día. También puedes hacer una meditación formal o practicar técnicas específicas de Mindfulness, pero no es imprescindible y, en cualquier caso, deben ir acompañadas de la práctica cotidiana para que surtan efecto.

Aplicaciones a la tarea de ser padres

Una de las mayores preocupaciones de las familias es cómo responder ante situaciones de conflicto y discusiones con los hijos, esos momentos donde estamos a punto de perder los nervios. En esos casos os recomiendo dos prácticas:

  • Reorganizarnos a través de los sentidos: se trata de volver al lugar presente y poder dejar los relatos mentales que aumentan la ira o la desregulación. ¿Cómo? Diciendo en voz alta las siguientes percepciones:
    • VISTA: 3 colores
    • OÍDO: 3 sonidos
    • TACTO: 3 texturas o el apoyo de tu cuerpo en la silla, suelo, etc.
    • OLFATO: detectando algún olor o la neutralidad
    • SABOR: notando algún sabor en la boca o cómo tragamos saliva
  • Evitar reaccionar o responder rápidamente y tomar conciencia de nuestra respiración: es fundamental que no trates de calmarte, simplemente atiende a tu respiración durante unos segundos, siente el aire entrando por tu nariz y ahora suelta el aire, suspira, y deja también las tensiones acumuladas en el cuerpo. Repite cuantas veces necesites, sin prisas.

Relación más amorosa con nosotros mismos y los demás

El objetivo del Mindfulness no es la relajación permanente ni vivir en un equilibrio continuo, sino aceptar lo que estamos sintiendo en cada momento. Sin juzgar tanto, sin incluir relatos de lo adecuado o inadecuado, sin evitar o huir de ello y sin intentar cambiarlo rápidamente.

Aceptar nuestras emociones y las de los demás, así como las circunstancias que no podemos cambiar, usualmente genera paz. En ese estado más calmado, en el que nos hemos permitido respirar y volver al momento presente, podemos abordar el conflicto, y esto mejora nuestros vínculos e incluso nuestra percepción como madres y padres más competentes, que van aprendiendo a regularse mejor y mostrando a sus hijos cómo hacerlo, siendo un modelo para ello.

Incluir el MDF en nuestra vida, significa tratarnos mejor, aprender a escucharnos y no tapar lo que surge mientras aprendemos a escuchar plenamente y validar a nuestros hijos, aprendiendo nuevas formas de afrontar las situaciones difíciles.

 Programa Recurra-Ginso

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Cristina Arana

Licenciada en Psicología por la UAM y finalizando el Máster de Psicología General Sanitaria en la UNIR. Alumna de prácticas en la Clínica Recurra Ginso (2025-26). Trabaja en Ginso como educadora desde 2007 y a partir de 2019 como psicóloga en el área de Educación y Salud Mental. De forma paralela ha desarrollado distintos proyectos profesionales relacionados con el cuidado de la familia y la educación en la primera infancia.

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