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Domar emociones

El buen manejo de las emociones afectará en su/nuestra autoestima y felicidad positivamente.Desde que asomamos por el útero materno nos enseñan a calmarnos. Tras un azote intenso para activar el nuevo modo de respirar, se pretende la calma, el silencio, el consuelo que sólo un abrazo piel con piel puede conseguir. Tras ello toda una vida de control de emociones y de impulsos.

La ira, la euforia, la repugnancia, el abatimiento. Emociones extremas que se han de amortiguar y sentir en su justa medida: enfado, alegría, asco, tristeza…

¿Y qué hacemos con esas dosis que rebosan? ¿Dónde apaciguarlas?

¿En el abrazo piel con piel como al nacer?, ¿Contra una pared?, ¿En un llanto ahogado?, ¿Desgañitándonos?

Qué significa controlar los impulsos, gestionar emociones, estabilidad emocional; aparte de palabras muy bien dichas y muy difíciles de materializar en conductas…

No es, no enfadarse.

No es, no entristecerse.

No es, no enamorarse sin remedio.

Es sentirlo sin que nos afecte a todos los ámbitos de nuestra vida, e incluso perjudicándonos o perjudicando a otros. Lo que implica mucho trabajo personal, consciencia de las dificultades, y mucho respeto a sí mismo y a los demás, pues la expresión de las emociones de manera controlada y ajustada es la base de una buena relación interpersonal, así como de nuestra propia salud mental.

Añadido a esta labor artesanal, nos topamos con un elemento fundamental: que la expresión ajustada de la emoción se corresponda con la emoción sentida.

Parecería lógico creer que, si siento tristeza, exprese tristeza ¿no?, pues este detalle también tiene su aquel, su truco de magia. Imaginemos un iceberg, en la superficie ira, frustración, agresividad, en la base, tristeza, miedo, inseguridad.

¿Se recibe del mismo modo una expresión de ira que de tristeza por parte del otro?

La frase de Farley Mowet, lo describe fenomenal,” Condenamos al lobo, no por su naturaleza sino por nuestra percepción.”

Formamos parte de una era precipitada, extremadamente urgente. Todo se consigue con un “clic”, y si no es posible, no tenemos entrenada la espera, la paciencia, la contemplación.

¿A qué joven ves contemplando, sino su móvil?

Debido entre otras cosas, a que no están plenamente desarrolladas las funciones ejecutivas hasta la edad adulta, los jóvenes tienen más dificultades para gestionar el tiempo, los impulsos, la atención, pero les pedimos gestión de sus emociones, tan inesperadas y explosivas, acorde con lo que viven, a veces demasiado pronto, a veces demasiado inapropiado…

Necesitan entrenamiento consciente, guiado, desde que son pequeños, y sin esperar a situaciones difíciles, hacerlo como el que aprende a leer y a escribir, que aún no lo necesita, pero así estará preparado para hacerlo, y cuando llegue el momento, podrá tener mejores resultados.

El buen manejo de las emociones afectará en su/nuestra autoestima y felicidad positivamente.

Este fascinante mundo de las emociones nos habla de sinceridad, control, ajuste, percepción del otro, empatía. Por ello os invito como madres/padres y como uno mismo, a explorarlo, a formaros y entrenar, con orientación de profesionales en este área, para permitíos sentir sin dudas, que tan necesario es para el equilibrio (homeostasis) psicológico.

Programa Recurra-Ginso

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Olaya Rodríguez Sánchez

Licenciada en Psicología Clínica por la UNED. Máster en Psicología General Sanitaria. Máster en Terapia de Conducta. Grafóloga Experta en Evaluación y Diagnóstico de Psicología Clínica. Monitora de Ocio y Tiempo Libre. Desde 2012, educadora en Campus Unidos, anteriormente en Centro de menores Teresa de Calcuta desde el 2007.

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