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Mis hijos no dejan de discutir

Mis hijos no dejan de discutirLas peleas entre hermanos son frecuentes en todas las familias. Habitualmente se generan roces, enfados, discusiones entre ellos, que pueden llegar a desesperar a cualquier padre. Los detonantes y las causas de las peleas pueden llegar a ser de lo más variopintas, desde discutir por motivos simples como cansancio o aburrimiento hasta llamadas de atención o celos entre hermanos. Pese a ello, cómo se menciona desde la Disciplina Positiva, todo comportamiento del niño tiene su fin o su meta y, de hecho, los conflictos entre hermanos no son una excepción.

Por suerte o por desgracia, como padres no podremos evitar que surjan conflictos entre ellos, pero puede ser un buen momento para enseñarles habilidades y herramientas con el fin de ganar mayor autonomía y aprender a resolverlos por ellos mismos.

En primer lugar, debemos tener en cuenta algunos factores importantes que suelen incrementar la posibilidad de discusiones entre los hijos como ejemplo: la edad, la personalidad, los celos, los años que les separan, la rivalidad, el ambiente familiar, etc.

En segundo lugar, ¿qué podemos hacer cuando las discusiones son constantes?

  • Tener en cuenta que los niños ven a los adultos como su modelo a seguir. Por lo tanto, parémonos para reflexionar cómo resolvemos las discusiones entre nosotros ¿Podríamos mejorar algunas actitudes?, ¿gestionamos de forma adecuada nuestra ira y nuestro enfado?, ¿escuchamos a la otra persona en las discusiones?, ¿mantenemos nuestro punto de vista aun viendo visto que no es correcto?
  • Los problemas son suyos. En la medida de lo posible es importante que aprendan a solucionarlos por sí mismos, e indudablemente sin rebasar los límites estipulados por los padres. Con esto no quiere decirse que tengamos que dejarles “cancha libre” sin intervenir nunca en sus enfados. Simplemente, dejarles su espacio de interacción para que aporten sus puntos de vista y solucionar la confrontación.
  • Escuchar sin juzgar. Escúchalos de forma calmada y con ecuanimidad, enséñales a orientar la comunicación a la búsqueda de solución del problema que están viviendo.
  • Enfocarnos en la solución. No estamos buscando al culpable, sino en buscar una solución. Podemos proponerles algunas alternativas, pero tienen que ser ellos los que tengan la última palabra y lleven a cabo la solución.
  • Establece normas y límites. Es importante que los niños sepan de forma congruente y estable cuáles son las normas que deben seguir para fomentar una convivencia sana en casa.
  • Aprovecha la discusión para enseñar habilidades básicas y necesarias como: la empatía, el asertividad, la escucha activa, la gestión emocional o el pedir perdón.
  • Reunión de familia. Si la discusión no se consigue resolver o es repetitiva, se puede utilizar esta herramienta. Se reúnen los miembros de la familia, padres incluidos, y se aportan ideas y soluciones prácticas del conflicto, teniendo en cuenta que es preferible que los niños aporten sus soluciones. A posteriori, después de debatir y comunicar los diferentes puntos de vista y soluciones, se selecciona una de las respuestas para llevarla a cabo.

No obstante, en caso de que la discusión sobrepasase límites y fuese a mayores, como los de la violencia verbal o física, debemos parar la situación inmediatamente, sin dudarlo. Además de expresarles cómo nos hacen sentir cuando llegan a este punto.

Lo ideal sería que entre hermanos se forjen vínculos fuertes y duraderos, que haya respeto, complicidad, aprecio, cariño. Sin embargo, la realidad puede llegar a ser muy distinta en ciertas edades y sus conflictos pueden llegar a afectar al ambiente familiar.

A pesar de ello, como se ha mencionado anteriormente, estas situaciones son totalmente normales. Y de los adultos depende ver los conflictos como un problema o una oportunidad para que los niños desarrollen y aprendan herramientas que les puedan servir a lo largo de su vida.

 

El vínculo que une a una auténtica familia no es de sangre, sino de respeto y alegría mutua

Richard Bach

 

Programa Recurra-Ginso

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Marina Viejo

Psicóloga General Sanitaria especializada en terapias de tercera generación. Psicóloga Deportiva. Psicooncóloga. Experta en prevención e intervención en la conducta suicida. Experta en duelo. Actualmente cursando Máster en trastornos de la conducta alimentaria.

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